"En la alimentación, tenemos que recuperar la sabiduría y la manera de hacer de nuestras abuelas"

Salud y alimentación. Entrevista a la médica Carme Valls sobre la importancia de la alimentación para la salud y sobre las claves de una alimentación saludable.

Carme Valls Llobet es médica y directora del programa «Mujeres, salud y calidad de vida del Centro de Análisis y Programas Sanitarios». Especializada en medicina con perspectiva de género, ha escrito varios libros sobre divulgación médica. Su último libro, Medio ambiente y salud, analiza el impacto que el medio ambiente tiene sobre los trastornos de la salud, en especial en las mujeres.

¿Cuál es la relación entre la salud y la alimentación?

Es una relación básica. La alimentación es fundamental para poder suplir el desgaste que tienen todas las células del cuerpo cada día. Es muy básica en etapas de crecimiento, pero también de decrecimiento o envejecimiento. Es algo importante, porque a menudo las personas mayores comen mucho peor que como lo hacían antes porque creen que no lo necesitan. Y eso es falso. Siempre necesitamos comer, y necesitamos hacerlo de forma equilibrada.

Para vivir necesitamos la respiración y la alimentación. Una respiración cuanto más pura, mejor, y una alimentación cuanto menos contaminada, mejor.

¿Una buena alimentación es sinónimo de buena salud?

Sí, está clarísimo que sí. La alimentación es básica para el desarrollo de todos los tejidos del cuerpo. Te diría que hay algunos alimentos que son más importantes en algunas etapas de la vida, y algunos otros que son más importantes para hombres que para mujeres. La mujer, por ejemplo, a partir de los 11-12 años y a causa de la menstruación, necesita suplementos de hierro, porque el próximo mes no tendrá suficiente. Entonces hay que procurar que la alimentación sea rica en ese nutriente.

La nutrición es básica en la salud, porque hay unos tejidos que se desgastan más que otros. El sistema locomotor, los huesos, crecen y decrecen cada día. Cada día nacen y mueren células. Si el desgaste es progresivo y no recuperamos lo que se desgasta con lo que comemos, puede llegar un momento en que aparezcan enfermedades en los cartílagos, más artrosis, más osteoporosis, y eso dificultará un envejecimiento saludable.

Entonces, ¿una alimentación saludable puede ayudar a prevenir enfermedades?

Sí, como decía, puede prevenir la artrosis y la osteoporosis, por ejemplo. Puede llegar a prevenir la anemia por falta de hierro y la anemia por falta de vitamina B12 y de ácido fólico. La vitamina B12 se encuentra, sobre todo, en la carne roja, en algunos pescados y en el huevo, y los ácidos fólicos se encuentran en las verduras de hoja verde.

También puede prevenir enfermedades cardiovasculares, porque con una alimentación saludable no comeremos muchas grasas, pero comeremos proteínas e hidratos de carbono. Si no hay demasiadas grasas no hay demasiado colesterol.

Puede ayudar, también, a que no haya enfermedades infecciosas, si es una alimentación rica en fruta, que aumenta los niveles de vitamina C. Estas son vitaminas que en estos momentos todo el mundo ha ido a comprar a la farmacia para evitar el contagio de COVID, pero resulta que se pueden comprar cada día yendo al mercado.

Y con la salud mental, ¿puede tener relación la alimentación?

Sí, también. Cuando en la consulta analizamos la nutrición y la alimentación de cada persona, vemos que, cuando una persona tiene ansiedad o un cierto grado de depresión, tiende a comer de forma inadecuada, y, a veces, ordenando un poco las comidas y la alimentación, mejora el trastorno. Después el trastorno tiene un tratamiento, pero precisamente porque el trastorno de la salud ya le ha activado unos circuitos inadecuados de alimentación, ayudar a alimentarse correctamente mejora los neurotransmisores.

¿La alimentación saludable es solo cuestión de los alimentos o también tiene que ver con cómo los cocinamos?

Las dos cosas. Porque hay alimentos crudos que pierden vitaminas cuando los cocinamos, como las frutas. Pero es verdad que, por ejemplo, para la absorción de proteínas de alta calidad en el cuerpo, se tienen que cocinar, si no, no se pueden asimilar. El intestino humano, para transformar los alimentos en proteínas adecuadas, necesita cocinarlas. Y necesita cocinarlas, no carbonizarlas [risas]. Algunas cocciones de verduras, si son excesivas, hacen que estas pierdan vitaminas y minerales. Tenemos que encontrar el equilibrio de cada alimento.

¿Cuáles son las claves para una alimentación saludable más allá de las tendencias sociales sobre determinados alimentos y productos?

Las claves tienen que ser la diversificación de productos y que estos sean de proximidad, de modo que conozcamos su trazabilidad, que sepamos de dónde vienen, qué han utilizado para cultivarlos, etc. Estamos acostumbrados a comer de todo en cualquier época del año, y no puede ser, tanto por nuestra salud como por la de nuestro planeta.

Hay que saber encontrar el equilibrio entre lo que comemos y el saber comer de temporada, porque, además, cuando lo hacemos, nos damos cuenta de que la naturaleza es sabia. Por ejemplo, las naranjas y las mandarinas se comen en invierno, cuando hace frío, y tiene sentido, porque son las más ricas en vitamina C. Tenemos que recuperar la sabiduría y la manera de hacer de nuestras abuelas. Encontrar el equilibrio entre lo que hay en el mercado e ir adaptándote al momento, sin hacer repeticiones monótonas.

¿Qué impacto pueden tener los agroquímicos utilizados en la agricultura convencional para la salud de los consumidores y consumidoras?

Los residuos de los pesticidas que se utilizan en la agricultura actúan en el cuerpo humano como disruptores endocrinos, una sustancia que altera el equilibrio hormonal de la persona. Afecta a más mujeres que hombres, porque la ingesta de residuos de pesticidas puede alterar el ciclo menstrual. Por la ingesta de estos productos hay más endometriosis, más riesgos de ciertos tumores en el caso de niños y niñas con padres expuestos a pesticidas, y cánceres de mama y próstata en la vida adulta.

Dado que actualmente no podemos garantizar la ausencia de pesticidas en los productos que consumimos, generalmente recomiendo llevar una alimentación cuanto más ecológica, mejor. Para determinadas enfermedades es básico.

Hay estudios que indican que la población con menos recursos tiene hábitos alimentarios menos saludables. ¿Puede un hogar con una renta baja aspirar a llevar una alimentación saludable?

Sí, pero se requiere de una sensibilización. Hay quienes han perdido los hábitos, porque, incluso con rentas bajas, nuestras abuelas se espabilaban para llevar una alimentación muy equilibrada.

Hay personas con economías más precarias que saben estirar el poco dinero que tienen para comer de una manera más variada, pero el mayor reto que tenemos es este, cómo hacer llegar una alimentación libre de tóxicos, como la alimentación ecológica, a toda la población, y que no sea solo un privilegio de la clase alta.

¿Qué piensas de los denominados superalimentos?

Pienso que se han puesto de moda algunos alimentos y unas dietas completamente complejas que dicen que te harán adelgazar, que te darán más energía o que te aliviarán el trastorno del ciclo menstrual. La mayoría son modas que responden a intereses comerciales muy negativos para la salud de la gente.

Por ejemplo, en el caso del aguacate, parece que de repente tenga que ser maravilloso, y parece también que nadie se ha parado a pensar en lo que puede costar cultivarlo o el coste que eso tiene para el medio ambiente. ¿Qué beneficios tiene el aguacate que no tenga cualquier otro tipo de fruta o legumbre rica en vitamina A? ¿Por qué tiene que ser mejor un aguacate que un tomate o una zanahoria, si además estos últimos los tenemos aquí al lado?

Son modos de consumo que parece que nos vengan a solucionar la vida, parece que consumir tal producto nos hará estar más sanos, y lo que debemos tener claro es que un alimento por sí mismo no es la solución mágica a todo.